El caso que nadie esperaba
Cuando en 2017 Aguas Danone Argentina obtuvo la certificación de Empresa B, la reacción del ecosistema fue de sorpresa. El movimiento B Corp había crecido principalmente entre pymes: startups de impacto, marcas artesanales, cooperativas. Las empresas con más de 100 empleados certificadas eran la excepción. Las de consumo masivo, casi inexistentes.
Aguas Danone no solo era grande. Era la unidad argentina de una multinacional francesa que cotiza en bolsa, con presión de accionistas, una cadena de valor que incluye proveedores, distribuidores y más de 100.000 puntos de venta. Exactamente el tipo de organización que el imaginario común asocia con lo opuesto a una Empresa B.
Sin embargo, certificó y eso cambió la conversación.
Qué es una Empresa B y por qué importa la distinción
Antes de analizar el caso, vale precisar el marco.
Una Empresa B certificada por B Lab (una organización sin fines de lucro que administra el estándar) es aquella que supera los 80 puntos en la Evaluación de Impacto B (BIA por sus siglas en inglés), una auditoría independiente que evalúa cinco dimensiones: gobernanza, trabajadores, comunidad, clientes y medioambiente. Para mantener la certificación, la empresa debe recertificar cada tres años demostrando mejora en cada dimensión.
Lo que distingue a la certificación B de otros sellos de sostenibilidad es la exigencia de modificación legal. Las empresas certificadas incorporan en sus estatutos la obligación de considerar el impacto sobre todos sus grupos de interés, no solo los accionistas, en cada decisión relevante. Es un cambio de gobernanza, no solo de comunicación.
Hoy el movimiento B Corp cuenta con más de 10.000 empresas certificadas en 103 países y 164 industrias, con una fuerza laboral que supera el millón de trabajadores.
El origen argentino: de un basural a una política global
Lo que pocos saben es que el caso Danone como Empresa B tiene un origen específico: Argentina 2012.
Nicolás Dobler, gerente de Danone en ese momento, participó de una learning expedition a un basural junto a Guillermo Schulmeier, cofundador de Emprendia (la primera Empresa B de Argentina). La experiencia le generó una pregunta a Dobler: ¿qué está haciendo esta empresa con lo que descarta?
Esa pregunta inició un proceso interno que llevó cinco años y culminó en 2017 con la certificación de Aguas Danone Argentina como primera empresa de consumo masivo del país y tercera filial de Danone en el mundo en obtener el sello.
El impacto no se quedó en Argentina. En 2018, la casa matriz en Francia tomó una decisión estratégica: certificar todas sus unidades de negocio en el mundo para 2025. En noviembre de 2025, con más de 200 entidades legales certificadas en más de 60 países, Danone anunció haber completado el proceso, convirtiéndose en la Empresa B más grande del mundo.
Los datos concretos del compromiso
La certificación B requiere evidencia medible. En el caso de Danone, los números disponibles públicamente permiten dimensionar el alcance:
Escala global:
- Más de 200 filiales legales certificadas en más de 60 países.
- Los empleados de Danone representan el 9% de toda la fuerza laboral del movimiento B Corp mundial.
- En 2024, el 92,8% de las ventas globales de Danone y el 83% de sus empleados ya estaban cubiertos por la certificación B (dato auditado externamente y reportado en el informe anual de la compañía).
- En 2025, ese porcentaje de empleados alcanzó el 95%, umbral suficiente para la certificación global.
Argentina específicamente:
- 4.100 empleados certificados bajo el sello B (unidades de lácteos, logística y aguas).
- El 90% de la energía usada en producción en Argentina proviene de fuentes renovables.
- Más de 18.000 toneladas de alimentos donadas en 22 años a través de la Fundación Danone, equivalentes a 72 millones de platos de comida.
- Reducción de más del 90% del azúcar añadida en algunas líneas de producto reformuladas.
- Más de 1.000 horas dedicadas por colaboradores a causas sociales solo en 2024.
- Lanzamiento de botellas Villavicencio fabricadas con plástico reciclado de otras botellas, con proyección de 2 millones de envases por año.
La tensión que se genera en una multinacional certificada como Empresa B es legítima: ¿es posible conciliar la presión de los mercados financieros con un modelo de triple impacto verificable? ¿O la certificación termina siendo un instrumento de greenwashing a gran escala?
B Lab tiene su propia posición sobre esto. El estándar establece explícitamente que las obligaciones son mayores para las empresas de mayor escala e influencia, y que el proceso de recertificación cada tres años exige mejoras.
Lo que el caso demuestra, más allá del debate, es que la certificación B es un sistema de gestión del impacto que obliga a medir lo que antes no se medía, a rendir cuentas sobre dimensiones que antes eran informales, y a tomar decisiones con un marco que incluye a más actores que los accionistas.
Implicancias para las organizaciones que consideran este camino
El caso Danone es útil precisamente porque desborda el imaginario habitual de las Empresas B. Si una multinacional con esa cadena de valor pudo certificar y mantener la certificación, cualquier empresa que lo esté considerando necesita preguntarse si están dispuestos a medir lo que hoy no miden.
El proceso de certificación B implica:
Diagnóstico: La Evaluación de Impacto B es un ejercicio de transparencia. Las áreas de bajo puntaje no se ocultan, se trabajan. Ana Guerello, gerente de Sustentabilidad de Danone Argentina, fue explícita al respecto al momento de la certificación: “Encontramos muchas oportunidades de mejora que vamos a implementar en los próximos tres años antes de la recertificación”.
Cambio de gobernanza: La modificación legal que acompaña a la certificación no es burocrática. Redefine quiénes son los interesados cuyo bienestar la organización tiene obligación de considerar.
Cultura hacia adentro: Las empresas con mayor puntaje en el indicador de autenticidad y clima laboral tienden a retener mejor al talento y a generar mayor compromiso interno. El impacto del modelo B no es solo externo.
Cadena de valor: Danone extendió su influencia hacia sus proveedores: en 2024, un proveedor lechero histórico en España, More Holstein, obtuvo su propia certificación B parcialmente por el trabajo conjunto con la compañía. El triple impacto se propagó.
La historia de Danone como Empresa B empezó con una pregunta incómoda frente a un basural en Argentina en 2012. Trece años después, es la empresa B más grande del mundo.
En Aryuna trabajamos con organizaciones que quieren transitar ese camino: entender qué impacto generan hoy, qué quieren mejorar y cómo construir la cultura interna para sostenerlo.
Si sos una organización que está considerando este camino, contactanos.

