NotCo y el desafío de convertir el propósito en decisiones

La cultura se ve reflejada en cómo responde la organización cuando algo sale mal, en quién habla en las reuniones y quién no, en si las personas recomiendan o no ese lugar de trabajo a alguien que les importa.

Todo eso es medible. No perfectamente, no con un solo número. Pero sí con un sistema de indicadores que, revisado con frecuencia y tomado en serio, convierte lo intangible en decisiones concretas.

El costo de no medir no es neutro. Es exactamente el costo de enterarse tarde de lo que ya estaba pasando.

¿Tu organización tiene un sistema para medir su cultura, o gestiona el clima por percepción? Diseñar ese sistema de indicadores es parte del trabajo que hacemos en consultoría organizacional.

Una empresa que nació para cuestionar el sistema

NotCo nació en Chile en 2015 con una propuesta particular: utilizar tecnología e inteligencia artificial para desarrollar alimentos de origen vegetal que reproduzcan características de productos tradicionalmente elaborados con ingredientes animales.

Su algoritmo de inteligencia artificial, conocido como Giuseppe, analiza combinaciones de plantas e ingredientes para desarrollar formulaciones capaces de replicar atributos como sabor, textura y aroma.

La compañía plantea su propósito alrededor de una idea concreta: reinventar la industria alimentaria y reducir la dependencia de la producción de alimentos de origen animal.

Su propia comunicación lo resume bajo una pregunta: “Why not?”

Pero lo interesante para analizar desde una perspectiva organizacional es qué ocurre cuando una empresa intenta convertir esa idea en una forma de hacer negocios.

Cuando el propósito deja de ser una frase

Un propósito empresarial puede formularse en una tarde. Pero sostenerlo durante años es bastante más difícil. Porque el propósito empieza a ser relevante cuando interviene en decisiones reales:

  • qué productos desarrollar;
  • qué procesos implementar;
  • qué impactos medir;
  • qué proveedores elegir;
  • cómo gestionar a los equipos;
  • qué indicadores seguir;
  • qué decisiones tomar cuando los objetivos económicos entran en tensión con otros valores.

En otras palabras, el propósito empieza a existir de verdad cuando tiene consecuencias. Ese es uno de los puntos más interesantes del modelo de Empresas B.

NotCo como Empresa B

The Not Company, conocida como NotCo, obtuvo la certificación B Corp en noviembre de 2022.

Según el perfil público de B Lab, actualmente cuenta con un B Impact Score de 91,7 puntos. Para obtener la certificación, las empresas deben alcanzar un mínimo de 80 puntos verificados en el B Impact Assessment, además de cumplir otros requisitos vinculados con gobernanza, transparencia y revisión de impactos.

La evaluación no analiza únicamente un producto “sustentable”. También, evalúa a la organización.

El B Impact Assessment contempla cinco grandes áreas:

Gobernanza
Cómo la empresa gestiona su misión, transparencia, ética y toma de decisiones.

Trabajadores
Las prácticas vinculadas con las personas que forman parte de la organización.

Comunidad
El impacto sobre las comunidades y otros grupos relacionados.

Medio ambiente
La gestión de los impactos ambientales.

Clientes
La manera en que la empresa genera valor para sus clientes y gestiona su relación con ellos.

En el caso de NotCo, B Lab registra actualmente un puntaje general de 91,7. Su perfil también muestra que en su evaluación de 2022 había obtenido 89,3 puntos.

Las Empresas B deben recertificarse cada tres años y el sistema está pensado alrededor de la mejora continua.

Mas ande otro criollo pasa Martín Fierro ha de pasar, Nada la hace recular Ni las fantasmas lo espantan; Y dende que todos cantan Yo también quiero cantar.

El verdadero desafío: que el propósito llegue al sistema

¿Dónde aparece tu propósito cuando nadie lo está comunicando? Porque una empresa puede declarar que le importa el medioambiente. Pero después hay que mirar qué y dónde compra.

Puede decir que las personas son importantes. Pero hay que observar cómo organiza el trabajo.

Puede hablar de transparencia. Pero hay que analizar cómo toma decisiones.

Puede comunicar impacto.Pero hay que preguntar cómo lo mide.

El propósito, entonces, funciona como una especie de filtro organizacional sobre qué hacemos y qué no hacemos para sostener ese para qué.

La certificación como espejo

Una de las características más interesantes del modelo B es precisamente que obliga a las empresas a salir del terreno de las declaraciones.

B Lab establece un proceso de evaluación y verificación. Las empresas deben documentar sus respuestas y alcanzar un puntaje mínimo verificado de 80 puntos en el B Impact Assessment.

Además, existe una revisión de riesgos y un requisito legal relacionado con la consideración de los intereses de los distintos grupos de interés en la toma de decisiones. La consecuencia de esto es que el propósito deja de ser solamente aspiracional y empieza a necesitar evidencia. Pero cuando aparece la evidencia aparecen también las contradicciones, como:

  • Procesos que deberían cambiar.
  • Métricas que faltan.
  • Decisiones que no están alineadas.
  • Prácticas que quizás funcionaban bajo una lógica tradicional, pero que ya no son compatibles con el modelo que la organización quiere construir.

Por eso, certificarse no debería entenderse solamente como obtener un sello.
Porque, a su vez, funciona como un diagnóstico.

El caso NotCo: innovación + impacto

NotCo resulta especialmente interesante porque su modelo de negocio combina dos dimensiones que muchas veces se analizan por separado: tecnología e impacto.

La empresa utiliza inteligencia artificial para desarrollar productos plant-based y presenta esa tecnología como parte de su estrategia para transformar la industria alimentaria.

Según NotCo, Giuseppe analiza estructuras y combinaciones de ingredientes para buscar alternativas vegetales capaces de reproducir características de productos de origen animal.

La tecnología, entonces, no aparece solamente como una herramienta para hacer más eficiente un proceso.

Está vinculada con el problema que la empresa dice querer resolver. Entonces, ¿la herramienta está al servicio de una estrategia o la estrategia se está construyendo alrededor de la herramienta? Es una diferencia enorme.

Propósito declarado vs. propósito operativo

Podemos pensar el propósito en dos niveles.

Propósito declarado

Es lo que la organización dice que quiere generar.

Está en la misión, la visión, el sitio web y la comunicación institucional.

Propósito operativo

Es lo que realmente guía las decisiones.

Aparece en los presupuestos.

En los procesos.

En las prioridades.

En los incentivos.

En la selección de proveedores.

En la contratación.

En la forma de medir resultados.

En lo que la organización está dispuesta a resignar para sostener aquello que considera importante.

El primero construye identidad.

El segundo construye organización.

Y cuando ambos se contradicen, aparece una brecha.

Tres preguntas para analizar cualquier empresa

No hace falta que una organización quiera certificarse como Empresa B para empezar a hacerse estas preguntas…

1. ¿Qué medimos?

Si algo es importante para la empresa, debería existir alguna manera de observar su evolución.

No todo puede reducirse a un número, pero aquello que nunca se observa difícilmente pueda gestionarse.

2. ¿Qué decisiones estamos dispuestos a cambiar?

Un propósito que nunca genera decisiones incómodas probablemente sea solamente una declaración.

La coherencia aparece cuando los valores tienen un costo.

3. ¿Qué hacemos cuando el corto plazo contradice el largo plazo?

Esta es probablemente la pregunta más difícil.

Porque cualquier organización necesita resultados económicos para sobrevivir.

La cuestión no es elegir entre rentabilidad e impacto como si fueran necesariamente opuestos.

El desafío es construir un modelo capaz de integrar ambas dimensiones y tomar decisiones conscientes sobre sus tensiones.

El propósito como arquitectura organizacional

El caso de NotCo permite pensar algo que va mucho más allá de las Empresas B.

Una organización cambia cuando modifica los sistemas que producen sus resultados.

Por eso, trabajar sobre propósito también implica trabajar sobre:

  • estrategia;
  • procesos;
  • cultura;
  • liderazgo;
  • métricas;
  • toma de decisiones;
  • comunicación.

El propósito funciona como un norte. Pero necesita estructura para convertirse en camino.

El desafío de sostener el propósito

NotCo muestra cómo una empresa puede intentar conectar tecnología, innovación, modelo de negocio e impacto. Su certificación B aporta una instancia externa de medición y verificación que permite observar ese compromiso desde parámetros concretos.

Pero ninguna certificación elimina automáticamente las contradicciones de una organización. De hecho, puede hacerlas más visibles y, quizás, ahí esté su mayor valor.

Porque una empresa que conoce sus contradicciones tiene una oportunidad de trabajar sobre ellas. Una empresa que solamente las comunica, no.

En un mercado donde cada vez más organizaciones hablan de impacto, sostenibilidad y propósito, la diferencia probablemente no esté en quién tiene el discurso más atractivo.

Está en quién puede demostrar que ese discurso modifica la forma de hacer negocios.

En Aryuna, trabajamos con organizaciones que necesitan transformar el propósito en algo más que una declaración: una herramienta para ordenar decisiones, procesos, cultura y resultados.

Si tu empresa sabe para qué existe, pero todavía tiene dificultades para traducirlo en la forma en que trabaja, quizás el problema no esté en el propósito.

Quizás esté en el sistema.

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