Sistema B en Argentina: crecer con impacto sin perder coherencia

“Queremos que se note que somos diferentes, pero todavía no sabemos cómo”,  me dijo un cliente mientras estábamos en reunión. Esa frase resumió bastante bien lo que veo que le está pasando a una parte del mundo empresarial hoy. 

El propósito empresarial se volvió un discurso casi obligatorio, pero pocas organizaciones pueden demostrarlo con datos. El movimiento de Empresas B viene a proponer algo distinto: no declarar impacto, medirlo, auditarlo y comprometerse legalmente con él. Y en 2026 ese compromiso se vuelve más exigente que nunca.

Radiografía del Sistema B en Argentina

El crecimiento del movimiento en el país es sostenido y, en los últimos dos años, acelerado.

  • 280 Empresas B Certificadas cerraron 2025, después de sumar 54 nuevas certificaciones ese año —el segundo mejor registro histórico desde que Sistema B nació en Argentina en 2012, solo superado por 2022
  • En los primeros meses de 2026 ya se sumaron 11 nuevas empresas, y Argentina se posicionó como el segundo país del mundo con más solicitudes de certificación, superado solo por Reino Unido
  • El ecosistema argentino emplea en conjunto a más de 44.000 personas y factura USD 5.175 millones anuales, distribuido en 30 sectores económicos y empresas de 15 provincias
  • La mayor concentración está en CABA (110 empresas), seguida por la provincia de Buenos Aires (91), Córdoba (19) y Mendoza (17)
  • La tasa de permanencia (empresas que recertifican en lugar de abandonar el sello) es del 94%

A nivel regional, Argentina es el segundo país de América Latina con más Empresas B, detrás de Brasil, y el noveno a nivel global.

El ecosistema incluye desde proyectos unipersonales hasta multinacionales: entre las certificaciones más recientes figuran La Anónima (la mayor Empresa B de capitales argentinos), McCain Argentina, Urbano Express y COELSA.

Qué implica ser una Empresa B

Ser Empresa B no es un logo. Es un compromiso legal y operativo con tres condiciones:

  1. Definir un propósito social o ambiental que vaya más allá de la rentabilidad
  2. Modificar los estatutos societarios para comprometerse legalmente a considerar a todas las partes interesadas —no solo a los accionistas— en cada decisión
  3. Medir y gestionar el impacto de forma continua, en un proceso de mejora permanente, verificado por un tercero independiente

La certificación la otorga B Lab, organización global sin fines de lucro. Y hasta ahora, el mecanismo de evaluación funcionaba con un sistema de puntuación acumulativa: 80 puntos sobre 200, distribuidos libremente entre cinco grandes áreas (gobernanza, trabajadores, comunidad, medioambiente, clientes).

Eso cambió radicalmente en 2026.

Los nuevos estándares: se termina la compensación entre áreas

Tras cuatro años de desarrollo, dos consultas públicas y más de 26.000 comentarios recibidos de 67 países, B Lab presentó la actualización más ambiciosa de su historia: los Nuevos Estándares B (versión 2.1), que comenzaron a regir en 2026.

El cambio estructural es este: ya no existe el sistema de puntos acumulables. En su lugar, cada empresa debe cumplir un nivel mínimo obligatorio en siete Temas de Impacto, sin posibilidad de compensar un mal desempeño en uno con un buen desempeño en otro.

Los siete temas son:

  1. Propósito y Gobernanza de las Partes Interesadas — Actuar según un propósito definido, con estructuras de gobierno que supervisen el desempeño social y ambiental
  2. Trabajo Justo — Empleos de calidad, culturas laborales positivas, prácticas salariales justas, e incorporación real de la voz de los trabajadores en las decisiones
  3. Justicia, Equidad, Diversidad e Inclusión (JEDI) — Entornos de trabajo inclusivos con progreso demostrable, no solo declarado
  4. Derechos Humanos — Diligencia debida para identificar, prevenir y remediar impactos negativos en operaciones y cadena de suministro
  5. Acción Climática — Plan de reducción de emisiones alineado al límite de 1,5°C; para empresas grandes, objetivos basados en ciencia (SBTi)
  6. Circularidad y Gestión Ambiental — Minimización de impacto ambiental con principios de economía circular
  7. Asuntos Gubernamentales y Acción Colectiva — Participación en esfuerzos colectivos para impulsar cambios sistémicos; para empresas grandes, transparencia fiscal país por país

Los requisitos se aplican de forma progresiva, con hitos verificables a 3 y 5 años, y se ajustan según el tamaño, sector y contexto regulatorio de cada empresa (un mecanismo de equidad que reconoce que no todas las organizaciones parten del mismo punto).

Marina Arias, Directora Ejecutiva de Sistema B Argentina, lo definió así: “Nuevamente volvemos a elevar la vara porque la crisis global, ambiental y social requiere altas exigencias y la comunidad de empresas B no puede quedarse a mitad de camino.”

El guiño actual: consumidores más exigentes, discurso bajo sospecha

Este endurecimiento de los estándares no sucede en el vacío. Responde a una presión que viene de varios frentes a la vez:

  • Consumidores cada vez más atentos a distinguir entre sostenibilidad real y greenwashing
    • Marcos regulatorios como la directiva europea CSRD, que exige reportes de sostenibilidad obligatorios
  • Una proliferación de sellos y certificaciones de menor exigencia, que diluyen la credibilidad de cualquier afirmación de impacto

La propia Marina Arias fue directa sobre este punto: “Hoy nos sirve para demostrar que es posible, en un momento donde el greenwashing todavía levanta banderas, que cada vez se caen más. Estamos en un momento de sinceramiento de dónde estamos parados.”

Eso es exactamente la tensión de fondo que atraviesa al movimiento: cuando el propósito se vuelve moda, también se vuelve fácil de simular. Y eso erosiona la credibilidad de quienes lo construyeron en serio.

El problema de fondo: propósito declarado vs. impacto medido

La paradoja que enfrenta el Sistema B es estructural: cuanto más crece el movimiento, más empresas se suman atraídas por el valor reputacional de la “B”. Y eso, sin estándares cada vez más rigurosos, podría convertir el sello en una etiqueta vaciada de contenido.

Los nuevos estándares son, en ese sentido, una respuesta directa a esa tensión. Endurecer los requisitos no busca reducir la cantidad de empresas B —de hecho, Sistema B Argentina no reporta expectativa de caída en certificaciones— sino asegurar que cada empresa certificada sea un ejemplo verificable, no un caso de relato sin sustento.

Base teórica: del capitalismo consciente al accountability organizacional

El marco conceptual detrás de este movimiento tiene raíces en lo que se conoce como capitalismo consciente: la idea de que las empresas pueden y deben operar como sistemas de valor ampliado, donde el éxito no se mide solo en rentabilidad para accionistas sino en el balance de valor generado para todas las partes interesadas (empleados, clientes, comunidad, proveedores y el ambiente).

Fred Kofman, uno de los referentes de esta línea de pensamiento, plantea que el liderazgo consciente requiere ir más allá de maximizar utilidades: implica asumir responsabilidad (accountability) por el impacto sistémico de cada decisión, no solo por su rentabilidad inmediata.

Los nuevos estándares de B Lab traducen ese marco filosófico en mecanismos concretos: gobernanza de partes interesadas incorporada a los estatutos, verificación por terceros independientes, y mejora continua medida con hitos temporales.

El caso argentino: qué cambia cuando una empresa se transforma de adentro

Detrás de cada certificación hay una organización que tuvo que mirarse de una forma que normalmente no se mira.

Brubank, el primer banco digital argentino certificado como Empresa B (2023), es uno de los ejemplos más citados del ecosistema local. Su fundador, Juan Bruchou, lo describió como una decisión fundacional: construir un banco con propósito, en un sector históricamente desconfiado por la sociedad. El resultado se puede medir: el 50% de los clientes de Brubank no había tenido antes una cuenta bancaria ni historial crediticio, y el 30% de sus usuarios pertenece al 40% de la población con condiciones socioeconómicas más desfavorables. Bruchou definió el proceso de certificación como “un cambio de mentalidad de todos los que somos parte de la compañía”.

Otro caso ilustra la tensión central de este artículo de forma muy directa. Manuel Saurí, fundador de Agua Segura (empresa B dedicada a programas de seguridad hídrica), describió lo que implica certificar con una frase que vale la pena citar entera: “Ser Empresa B es decidir que todo te cueste un poquito más. No en dinero, sino entender que con cada decisión que tomamos, algo pasa, y considerar siempre el bienestar de las personas y del planeta. Es más fácil ir por lo transaccional, pero con esta mirada muchas veces rechazamos propuestas que no se alinean a nuestro propósito.”

Esa frase “decidir que todo te cueste un poquito más” es quizás la definición más honesta de lo que separa a una empresa con propósito genuino de una que solo lo declara. El costo no es financiero. Es el costo de pensar dos veces antes de aceptar un cliente, un proveedor, o una decisión rápida que rinde en el corto plazo pero no se alinea con el propósito declarado.

Fernanda Mierez, Copresidenta de Sistema B Argentina, lo resume desde la perspectiva del proceso: “La certificación de Empresa B es un proceso de transformación que invita a la compañía a hacerse preguntas que habitualmente no se hace”.

La tensión central: crecer sin diluir el propósito

Argentina es hoy uno de los países con mayor dinamismo del movimiento B a nivel mundial. Eso es una buena noticia. Pero ¿puede un movimiento crecer al ritmo que está creciendo sin que la exigencia promedio baje?

Los nuevos estándares de B Lab son, en cierto sentido, la respuesta institucional a esa pregunta. Al eliminar la compensación entre áreas y fijar mínimos obligatorios en los siete temas, el movimiento se asegura de que crecer en cantidad no implique perder profundidad en cada caso individual.

Pero la responsabilidad no es solo de B Lab. Es de cada organización que decide certificar, y de cada consumidor, cliente o socio comercial que elige confiar en el sello sin cuestionarlo. La credibilidad de un sistema de certificación depende, en última instancia, de cuántos actores estén dispuestos a sostener la exigencia cuando empieza a costar.

El movimiento B Argentina está en un momento de visibilidad creciente: más empresas, más facturación, más reconocimiento internacional. Pero el verdadero desafío no es ese crecimiento. Es lo que pasa después de la primera certificación, cuando el propósito declarado tiene que convertirse en una práctica sostenida frente a la presión del negocio, el costo de cumplir, y la tentación de simplificar.

El futuro no es de las empresas que dicen tener impacto. Es de las que pueden sostenerlo cuando empieza a costar.

¿Tu organización está evaluando el camino hacia la certificación B, o necesita auditar la coherencia entre su propósito declarado y sus prácticas reales? Es parte del trabajo que hacemos en consultoría. ¡Contactanos!

Fuentes:

  • Sistema B Argentina — Informe de cierre 2025 / Ambito.com, Economía Sustentable, Infobae, Agrositio (diciembre 2025–marzo 2026)
  • B Corp Spain — “Las 10 claves de los nuevos estándares B Corp” (2025)
  • Revista Haz / Corresponsables — Lanzamiento Nuevos Estándares B Corp (abril 2025)
  • LA NACION — “Empresas B: el número de compañías certificadas… crece en la Argentina” (abril 2025)
  • Corresponsables Argentina — “Mes de las Empresas B: 248 compañías certificadas” (abril 2025)
  • CGB Consultores — “B Corp V2.1: las 7 dimensiones para gestionar el impacto” (noviembre 2025)

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