20 años del movimiento B: propósito declarado, impacto medido

Lo que cambió en 20 años: el contexto, no la propuesta

Cuando le preguntamos a Agustina qué es lo que más cambió entre la Empresa B de 2006 y la de 2026, su respuesta fue precisa:

 

“Lo que más cambió no es la propuesta del Movimiento B. Hace veinte años, al igual que hoy, el desafío era impulsar empresas que utilicen la fuerza del mercado para generar valor para las personas y el planeta. Lo que cambió fue el contexto: lo que antes era la apuesta de unas pocas organizaciones visionarias, hoy es una conversación que atraviesa al mundo empresarial y una necesidad cada vez más evidente para construir negocios competitivos y resilientes.”

 

Vale recordar que el movimiento B llegó a Argentina en 2012, seis años después del lanzamiento global. Las primeras empresas en certificarse lo hicieron en un entorno donde la conversación sobre el rol social de las empresas era todavía muy incipiente. Hoy el escenario es radicalmente distinto: clientes, inversores, talentos y marcos regulatorios, como la directiva europea CSRD, exigen reportes de sostenibilidad obligatorios. Por lo que están acelerando una transformación que hace diez años era voluntaria: está pasando a ser estructural.

 

Eso es, en sí mismo, un logro del movimiento. Pero también es el origen de nuevos obstáculos. 

La paradoja del crecimiento: más empresas, ¿menos exigencia?

Argentina cerró 2025 con 280 Empresas B certificadas en 30 sectores y 15 provincias, empleando a más de 44.000 personas y facturando USD 5.175 millones en conjunto, el ecosistema local es uno de los más dinámicos del mundo. Cuando un movimiento crece así, ¿cómo se sostiene la exigencia?

 

“Creo que ambas cuestiones van de la mano. El crecimiento de la comunidad de Empresas B no implicó una flexibilización de la exigencia; al contrario, la evolución de los Estándares B demuestra que el Movimiento sigue elevando la vara”, señaló Agustina.

 

Y la evidencia de esa afirmación son los nuevos estándares que entraron en vigencia en marzo de 2026.

Los nuevos estándares 2026: se termina el promedio

Los Nuevos Estándares B son resultado de cuatro años de desarrollo y más de 26.000 comentarios recibidos de 67 países. Representan el cambio estructural más significativo en la historia de B Lab.

 

El mecanismo anterior permitía compensar áreas: una empresa podía sobresalir en medioambiente y no tanto en gobernanza, y el promedio le alcanzaba para certificar. Ese sistema se terminó.

 

Ahora hay siete Temas de Impacto, con mínimos obligatorios en cada uno:

 

  1. Propósito y Gobernanza de las Partes Interesadas
  2. Trabajo Justo: empleos de calidad, salarios justos, voz real de los trabajadores
  3. Justicia, Equidad, Diversidad e Inclusión (JEDI): con progreso demostrable, no declarado
  4. Derechos Humanos: en operaciones y cadena de suministro
  5. Acción Climática: plan alineado al límite de 1,5°C
  6. Circularidad y Gestión Ambiental
  7. Asuntos Gubernamentales y Acción Colectiva

 

Si una empresa no alcanza el piso en cualquiera de los siete temas, no hay forma de compensarlo con desempeño en otro. 

 

En cuanto a cómo el Sistema B Argentina está acompañando la transición, Agustina es concreta: “Contamos con un equipo dedicado a la comunidad, una red de Consultores de Empresa B especializados en los nuevos estándares, y programas como Camino +B: un recorrido guiado para que las organizaciones comprendan los nuevos estándares, midan su desempeño e identifiquen una hoja de ruta clara. Asegurar una transición sólida es una prioridad no solo para Sistema B Argentina, sino para todo el Movimiento B a nivel global”.


Mas ande otro criollo pasa Martín Fierro ha de pasar, Nada la hace recular Ni las fantasmas lo espantan; Y dende que todos cantan Yo también quiero cantar.

El caso que más la marcó: Buplasa y la transformación desde el liderazgo

Le pedimos a Agustina que eligiera, entre todos los procesos de certificación que conoce, el que mejor ilustra lo que significa transformarse de verdad desde adentro. Su respuesta fue inesperada:

 

“Una de las historias que más me marcó fue la de Buplasa. Es una empresa de la industria del plástico y, justamente por eso, me ayudó a cuestionar algunos prejuicios que yo misma tenía. Muchas veces tendemos a pensar que el plástico, por sí mismo, es el problema. Conocer la historia de Buplasa me hizo entender que el verdadero desafío está en el uso que hacemos de ese material y en la capacidad que tiene una industria para reinventarse y generar soluciones“.

 

Los datos de Buplasa respaldan esa elección. Es una empresa familiar de capitales argentinos, radicada en Pilar (provincia de Buenos Aires), con más de 40 años en el mercado. Certificó como Empresa B en 2020. Fue la primera empresa de su rubro en obtener la certificación a nivel nacional y obtuvo un score de 99,4 sobre 200 en la Evaluación de Impacto B, cuando la media para empresas ordinarias es de 50,9.

 

Desde entonces construyó un modelo de economía circular: creó la marca Buply para gestionar residuos plásticos posconsumo, desarrolló productos fabricados con bioplásticos derivados de la caña de azúcar, instaló estaciones de recolección en Buenos Aires y Neuquén, y en julio de 2025 obtuvo la certificación INTI-ECOPLAS, la máxima distinción ambiental de su tipo en Argentina, que garantiza mediante auditorías que sus productos están compuestos 100% por plástico reciclado posconsumo. En dos años, Buply recuperó 65 toneladas de plásticos y sumó más de 3.700 usuarios en su aplicación, con el apoyo de empresas como Unilever y La Anónima.

 

Laura Busnelli, CEO de Buplasa, lo resumió así: “Como empresa transformadora de la industria plástica, tenemos la responsabilidad de liderar el cambio, adoptando nuevas lógicas que no solo respondan a la demanda del mercado, sino que también contribuyan a un futuro sostenible.”

 

Para Agustina, lo central no son los indicadores. Es la decisión que los precede:

 

“Lo que más me sorprendió fue ver una transformación impulsada desde el liderazgo. Hace algunos años, la familia que conduce la empresa tomó la decisión de redefinir el rumbo del negocio y asumir el desafío de impulsar la transformación de la industria del plástico hacia un modelo más sostenible. Esa decisión no quedó en una declaración de propósito. Se tradujo en nuevas líneas de negocio. Ese caso refleja muy bien lo que significa transformarse desde adentro: no se trata de hacer pequeños ajustes o sumar iniciativas aisladas, sino de revisar las decisiones estratégicas que definen el negocio.”

El obstáculo que el movimiento nombra en voz alta

Cuando le preguntamos cuál es el principal obstáculo del movimiento en términos de cambio sistémico, Agustina respondió con autocrítica:

 

“El principal desafío del Movimiento B hoy no es que más empresas hablen de impacto, sino que cada vez más empresas tomen decisiones de negocio incorporando el impacto como un criterio tan importante como el financiero. Hoy es difícil encontrar una empresa que no hable de sostenibilidad, de impacto o de propósito. El desafío ahora es otro: que esos conceptos dejen de estar concentrados en un área específica y pasen a formar parte de las decisiones estratégicas de la organización”.

 

Asimismo, concluye con una afirmación que expande la lógica del movimiento más allá de sus propias fronteras: “El cambio sistémico no va a ocurrir únicamente porque existan más Empresas B. Va a ocurrir cuando cada vez más empresas, estén o no certificadas, empiecen a gestionar su negocio con esta misma lógica de creación de valor”.

Cómo imagina Agustina la Empresa B de 2036

Le pedimos que a la  entrevistada que haga el ejercicio de mirar diez años hacia adelante y su respuesta fue:

 

“Me gusta pensar esta pregunta desde una idea: ojalá que en 2036 una Empresa B no sea vista como una excepción, sino como un referente de una forma de hacer empresa que se volvió mucho más común. Si el Movimiento B logra aquello que hoy parece difícil, creo que las empresas van a dejar de preguntarse si deben gestionar su impacto económico, social y ambiental. Eso ya va a formar parte de la manera en que hacen negocios. El mayor logro del Movimiento B sería que algún día ya no haga falta explicar qué significa integrar el impacto al negocio, porque esa sea, simplemente, la forma en que entendemos el éxito empresarial.”

 

Veinte años de movimiento B no son veinte años de acumulación de sellos. Son veinte años de un sistema que aprendió a hacerse preguntas más difíciles a medida que creció: cómo medir lo que antes se declaraba, cómo sostener la exigencia cuando la comunidad se expande, y cómo distinguir la transformación real del relato bien construido.

 

Los nuevos estándares de 2026 son la respuesta más concreta que el movimiento ofreció hasta ahora a esas preguntas. Y casos como el de Buplasa demuestran que la respuesta no siempre viene de donde uno espera.

 

El futuro es de las empresas que pueden demostrar que son capaces de generar impacto aunque la vara suba.

 

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